«Si bien la redistribución, la justicia y la equidad son objetivos sociales relevantes y necesarios, ellos deben ser alcanzados por las herramientas adecuadas (i.e. impuestos, subsidios, servicios públicos). Por su parte, los bancos centrales han buscado a lo largo de su historia una finalidad distinta, pero también importante: la estabilidad de las monedas locales y el funcionamiento normal de pagos internos y externos. Si bien el derecho como orden normativo debe preocuparse de los primeros objetivos, intentar usar al Banco Central (y sujetarlo, por tanto, al poder de turno), conlleva el riesgo de terminar fracasando en ambos.»

 

PABLO MÉNDEZ
Abogado Universidad de Valparaíso y LL.M., New York University. // Profesor de Derecho Económico, Universidad Alberto Hurtado.